Tengo participaciones preferentes, ¿qué puedo hacer?

Pese a que ya hace tiempo que cualquier empresa podía  emitir participaciones preferentes para captar recursos que les permitieran financiarse, ha sido en los últimos años en que las entidades financieras, la banca,  los ha comercializado entre sus clientes aprovechando la bonanza económica y el hecho de que se hicieron rápidamente populares por su alta rentabilidad.

Sin embargo las participaciones preferentes son un producto financiero complejo que reúne a la vez,  características de la renta fija y de las acciones mercantiles;  entre ellas el hecho de que, generalmente,  no otorgan derechos políticos; la percepción de la remuneración y la valoración de esta cantidad están condicionadas al hecho de la existencia de beneficios que sean distribuibles.

Pero su principal característica, y la más controvertida, reside en su carácter perpetuo, ya que no poseen fecha de vencimiento pactada,  por lo que si quieres deshacerte de ellas debes ponerlas a la venta y esperar que alguien te las compre al precio marcado por los mercados, corriendo el riesgo de que los títulos lleguen a cotizarse por un valor inferior al que se pagó por ellos, generando pérdidas  los titulares e incluso que no se abonen los intereses pactados

Además, se trata de productos no garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), por lo que en caso de quiebra del banco, el dinero de los inversores no estaría protegido; en realidad el derecho de cobro de estos inversores se situaría a la cola de todos los demás acreedores de la entidad. Por ello y para compensar esta situación de desventaja, la mayoría de entidades financieras ofrecían las participaciones preferentes a un interés muy superior al que poseían los depósitos más competitivos; aquí estaba su gran poder de “seducción”. No podemos ni debemos olvidar que el gran interés de un inversor es conseguir una rentabilidad acorde con el nivel de riesgo que está dispuesto a asumir y para ello debe conocerlo en todo su alcance. Es decir, la información es absolutamente clave en su proceso de decisión de compra de productos financieros. Información que,  como establece la Ley del Mercado de Valores, ha de ser imparcial, clara y no engañosa. Y ello con el objetivo de que el cliente inversor sea consciente de los riesgos asociados para que pueda tomar una decisión razonablemente fundamentada y, en segundo lugar, conocer el alcance de los servicios que ha de prestar la entidad financiera en cuanto a la evolución de los títulos para poder, incluso, decidir una desinversión.

El principal problema que ha surgido con la comercialización de las participaciones preferentes es su escasa explicación o su mal entendimiento, ya que al tratarse de un producto tan complicado la gran mayoría de los que las adquirieron lo hicieron sin acabar de comprenderlas del todo; sin un asesoramiento correcto por parte de la entidad bancaria, correcto en tanto que incumplimiento de la obligación legal de diligencia de las entidades financieras. En nuestro país la cultura financiera ciudadana no está enraizada ni basada en conocimientos profundos sobre la materia,  a lo que habría que añadir nivel de conocimiento y experiencia e, incluso, en algunos casos, estudios y profesión. Generalmente el pequeño inversor, el pequeño ahorrador, fundamenta su decisión de compra en la confianza depositada en su delegado del banco “ de toda la vida” y se deja influir por esa situación de confianza por lo que, en muy contadas ocasiones, recurre a un especialista profesional.

Sobre esa cuestión se ha pronunciado el juzgado número 1 de Cambados (Pontevedra) condenando a Novagalicia Banco a devolver 7.560 euros más intereses a una clienta que invirtió en preferentes en el año 2008, al considerar que la cliente del banco no recibió la información adecuada ni suficiente sobre el complejo instrumento financiero que contrataba.

En la sentencia puede leerse: “En la fase precontractual, la clienta debió recibir una información completa y precisa acerca de las características del producto y los riesgos que asumía. Sin embargo en el presente supuesto no consta que haya sido así, porque en modo alguno cabe deducir que Doña Angelina sea una inversora con conocimientos profundos de los mercados financieros, ni una persona experta en la materia; por el contrario ha resultado probado que se trata de una señora mayor que con anterioridad se había limitado a invertir en un fondo de inversión de renta fija garantizado“.

Y también: “Las participaciones preferentes están calificadas por la Comisión Nacional de Mercado de Valores como (…) un instrumento complejo y de riesgo elevado (…) por lo que no se entiende que se le ofreciera a un cliente que nunca había efectuado operaciones de riesgo ni siquiera medio, como evidentemente le constaba a la entidad contratante“.

Nos encontramos en una situación de vicio del consentimiento, al desconocer  Doña Angelina realmente lo que adquiría y sus posibles consecuencias, lo que da lugar a la anulación del contrato y de ahí,  la restitución de la aportación a la cliente.

Debemos remarcar que la comprensión es siempre fruto de un proceso intelectivo racional que se basa en una información recibida y que conduce a la toma de una decisión que incluye la formación de unas expectativas determinadas.

Estamos seguros que habrá más situaciones similares a las que ha vivido Doña Angelina en las que la información dada y la comprensión no hayan estado armonizadas ni se hayan correspondido. Para poder recurrir y plantear cualquier posible demanda y restitución total de la cantidad aportada,  serán dos las circunstancias a analizar: por un lado, probar que la información recibida de la entidad financiera fue defectuosa  por varias razones, entre ellas: no se produjo, fue parcial, errónea, confusa, escasa, técnicamente compleja, insuficiente al no mencionar los riesgos y desventajas…

Por otro lado el gran tema de prueba es la capacidad del cliente para procesar adecuadamente la información recibida ( buena o mala); es una cuestión de perfil sociocultural y cognitivo siendo necesario llegar a determinar cómo y hasta qué punto se llegó a procesar la información recibida aunque ésta fuera correcta.

La amplia y exitosa experiencia del Bufete Pérez-Pozo, en materia de reclamaciones de Swap’s,  nos avala como especialistas en materia de reclamaciones financieras, por lo que nos ponemos al servicio de todos nuestros clientes y posibles afectados para asesorarles sobre cómo mejor proceder en esta situación e identificar si existe posibilidad de reclamación en cada caso.

Legislación aplicable

 En materia de protección de Consumidores y Usuarios:

Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios de 1.984 y repetido por la Ley 7/98 de 13 de abril sobre Condiciones Generales de la Contratación .

Tanto el Código Civil como las leyes mencionadas establecen, respectivamente,  los 3 principios básicos de la contratación: a) el principio de tomar en cuenta la voluntad común de las partes contratantes; b) el principio de la autorresponsabilidad de dichas partes contratantes; y c) el principio de la confianza, buena fe en ellas. La interpretación de las cláusulas oscuras o contradictorias de un contrato no deben favorecer a la parte que lo ha redactado originando tal oscuridad; a la inversa, si favorecerá a la parte que no lo haya redactado; aplicado a los contratos de adhesión resulta que la cláusula oscura o contradictoria se interpretará a favor del adherente

En materia específica Financiera y Bancaria:

La Directiva 2004/39/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 abril de 2004, tiene dos objetivos que son proteger a los inversores y preservar la integridad del mercado, así como fomentar la equidad y transparencia  de los mercados financieros, para ello estableció el test MIFID, destinado a valorar el perfil financiero del inversor, su capacidad de comprensión de los productos financieros y su capacidad de riesgo. Esta directiva era conocida por todas la entidades financieras y aunque no entró en vigor en España , hasta noviembre del 2007.

Se exige la clasificación de los clientes a los que se presten servicios de inversión en las nuevas categorías; minorista profesional y contraparte elegible, para adaptar las medidas de protección a los inversores a la clasificación asignada. Así, los clientes minoristas, fundamentalmente todos los particulares que actúan como personas físicas, pymes, etc, reciben el máximo nivel de protección previsto, tanto en la realización de los tests, como en el alcance de la documentación pre y postcontractual que ha de ser puesta a disposición de los mismos.

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Una respuesta a Tengo participaciones preferentes, ¿qué puedo hacer?

  1. Mike dijo:

    Esta explicación es muy clara y sirve de gran ayuda de orientación tanto a los poseedores de preferentes como a los que no. Felicidades.

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